Poco queda hoy de la “rocca gagliardissima di muraglie” que constituía el “castillo de Lavenza”, descrito en 1602 por Alberico I Cybo Malaspina, primer príncipe de Massa y marqués de Carrara. El otrora soberbio castillo debe su nombre al condottiere lucchese Castruccio Castracani degli Antelminelli (1281-1328), que dominó los territorios entre Sarzana y Massa durante un breve periodo (1322-1328), dedicándose a grandes obras de fortificación.
La aldea de Avenza (o Lavenza, por el arroyo del mismo nombre) estaba entonces situada cerca del mar, y tenía una importancia estratégica desde el punto de vista militar y político. Castruccio, que probablemente había destruido instalaciones defensivas anteriores durante su conquista del territorio, decidió erigir una estructura mayor, recurriendo para ello al siniscalco Vanni Teti da San Miniato.
El nuevo castillo, mencionado por primera vez con ocasión de un paso de tropas florentinas (1418), seguía intacto a mediados del siglo XIX, cuando fue descrito en la popular guía de John Murray (Handbook for Travellers in Northern Italy part.II, Londres, 1854), como “Un gran edificio, poco herido”, del que se destacaban las grandes torres redondas, provistas de una galería exterior “del carácter más audaz”. La misma guía, en la edición de 1880, no dejaba de señalar, en tono duro, cómo la fortificación había sido entretanto “bárbaramente mutilada”, y transformada en fábrica ese mismo año.
De hecho, tras la unificación de Italia, la grandiosa estructura fue cedida por el gobierno a empresarios privados, que demolieron gran parte de ella en 1867, utilizando las estructuras como cantera de materiales. La indignación de algunos ilustres Carraresi (como el conde Carlo Lazzoni, que lamentó la barbarie de esta falta de respeto “al honor de la historia, del arte y de la civilización”), y de visitantes extranjeros (como el historiador alemán Theodor Mommsen, que pasó por Avenza en 1883), no impidió la degradación de la “Torre”, la única superviviente de las tres originales. A estos daños ostensibles se añadieron luego los de la guerra, cuando la zona fue severamente castigada por los bombardeos aliados en 1944.
En la actualidad, el monumento aparece como una poderosa ruina, que aún domina la parte más antigua de Avenza: la torre, de sección cilíndrica, muestra las señales de las numerosas reconstrucciones llevadas a cabo entre los siglos XVI y XVII para adaptar su estructura a las armas de fuego. En los últimos años se han barajado diversas hipótesis sobre su recuperación, al tiempo que han aparecido grafitos dejados por los prisioneros entre los siglos XVII y XVIII, así como restos de algunos pasadizos que comunicaban la fortaleza con la antigua aldea.
Los jardines de abajo, convenientemente acondicionados, acogen actos culturales, festivales y conciertos de ópera en los meses de verano.